Encuéntrame en Google+. Vinos en Buenos Aires: Preguntas de Lavacopas

miércoles, 6 de marzo de 2013

Preguntas de Lavacopas

Hace unas semanas me entrevistaron de Catamayor, una página de Andrés Drandich y varios colaboradores. Justamente, Pablo Salandin fue el de la idea. Cuatro preguntas interesantes y 4 amantes del Vino, el resultado acá.


Les dejo las preguntas y sus respuestas:

¿Cuándo, cómo y por qué te acercaste al mundo del Vino?

Maya García. A través de la gastronomía, comencé a trabajar en restaurantes a los 19 años.

Fernando Musumeci. Si bien bebía vinos desde bastante antes, fue hace aproximadamente quince años cuando empecé a beberlo más en serio; digamos prestando más atención e intentando, de alguna manera, entenderlo. Creo que me hizo click cuando probé un Patrón Santiago cosecha noventa y pico; fue la primera vez que reconocí sabores que no había percibido hasta ese momento, que me dieron mucho placer, y de ahí en más me generó tal curiosidad e inquietud por conocer y aprender, que aún conservo, y que va en aumento a medida que pasan los años.

Francisco Rivero Segura. En mi no aplica la clásica respuesta: desde chico, mi viejo me servía vino con soda. Hasta los 15 años no tomaba NINGUNA bebida con alcohol, era un fundamentalista del agua y las gaseosas. Hasta que un día en una reunión mi viejo y un amigo de el me convencieron para probar un vino (Montchenot Blanco) y me di cuenta lo equivocado que había estado. De ahí en mas he probado cuanto vino se me ha cruzado en el camino. Soy muy curioso, me gusta probar nuevas etiquetas constantemente, así he encontrado alguna que otra perlita y si algún vino no me gusta lo uso para cocinar o para marinar alguna carne.

Yo. Desde chico, ya que en casa se tomaba con las comidas. Vino (de mesa) con mucha soda en principio...
Después, de adulto, y tras haberme metido fuerte con la cerveza, volví al Vino con mucha fuerza y en otro plano -Vino fino- por un compañero de trabajo (que también tomaba bastante Fernet…). Y fue un camino de ida… JaJa!!
La pasión por el Vino, tuvo escalones: pasó por la simple compra y disfrute, a querer probar todo lo que te recomiendan, y luego a tratar de discernir las recomendaciones auténticas, sin interés comercial.
De que sea un tema de diálogo con amigos y familia, a buscar comentarios o recomendaciones donde sea y a empezar a comentar, preguntando y también recomendando. Y con un lindo tramo de experiencia, a contar experiencias, para que sirvan a otros consumidores, desde hace más de 4 años con mi blog. Con base en los Vinos de Alta Gama, desde sus rangos inferiores ($ 18-20) a los ultra-premium e íconos (que pueden llegar a costar más de $ 1000), no tengo miedo en probar Tetras, porque trato de buscar el mayor placer por el menor gasto.



En el Viejo Mundo (Francia, España, Italia) la gente bebe Vinos lugares. Aquí se beben “vinos marcas”, e incluso últimamente Vinos winemakers. ¿Por qué se produce esto? ¿Está bien que muchas veces se priorice la mano del hacedor por sobre el terruño?

Maya García. En mi opinión lo que ha pasado aquí es solo el camino natural de los sucesos. Para diferenciarse del viejo mundo, la industria del nuevo mundo se basó en los vinos cepajes. Es verdad que luego eso en algunos casos se ha decantado hacia marcas en particular. En mi opinión, no se prioriza la mano del hacedor, para mi es una la visión que hace cada enólogo sobre el terruño. El enólogo –el que trabaja desde el viñedo y siente pasión por lo que hace– imagina el Vino que puede resultar de cada lugar, siempre va a llevar su firma si tiene ideas arraigadas y está dispuesto a experimentar y a aprender de la tierra y de sus colegas. La mente creadora del hombre siempre va a quedar impresa en el vino, sus experiencias, no solo del que lo hace sino de la cultura en la que esta inmerso el vino. El hombre en medio del viñedo imagina... Sueña... Pero esta es solo mi visión particular.

Fernando Musumeci. Creo que se sigue bebiendo Vinos marcas. La segunda variable que utiliza un consumidor para definir una compra seguramente sea el varietal (uva), con el malbec como preferido, y muy cómodo a la cabeza. Los consumidores conocen marcas, porque las bodegas se ocupan de construir “marcas”, desde la publicidad por diversos medios, las acciones de marketing, la comunicación, la imagen, etcétera. Esos altos costos son más fáciles de afrontar para las grandes bodegas. Por eso, al momento de definir una compra frente a una góndola, la gran mayoría de los consumidores se inclinan por las marcas reconocidas, cuyo nombre les resulte más familiar, como si ello fuera garantía de calidad.
Pero efectivamente hay un nicho de consumidores, imagino mucho menos que el 1% del total, que sí identifica a los enólogos y seguramente a la par también las regiones de origen de la uva. Por lo tanto, éste último, más interiorizado en el tema, probablemente priorice la firma del enólogo y el origen de la fruta por sobre la marca o composición varietal. Pero reitero: es una minoría que, aunque va en aumento, sigue siendo muy poco representativa del total de la masa.
Con respecto a los Vinos winemaker, por suerte en los últimos cinco años tomaron otro protagonismo, creo que gracias a varios motivos. Muchos profesionales (enólogos y agrónomos), que hicieron excelentes carreras trabajando la última década para las más importantes bodegas, tomaron independencia y salieron a la cancha con sus propios proyectos, para volcar el conocimiento y la experiencia en sus vinos, menos masivos y más personales. Sin lugar a dudas, al menos desde la calidad, se trata de proyectos exitosos, que suelen ser chicos, de bajos volúmenes, que no se pueden comunicar con grandes campañas, simplemente por una cuestión de costo, y que apuntan a un nicho de consumidores bastante específico. Y aquí llega otro punto importante: su comunicación en las redes sociales (principalmente Twitter y Facebook), nexo fundamental entre el winemaker y el propio consumidor de sus vinos; una comunicación pura, sin distorsión, y que genera un lazo genuino entre quien lo hace y quien lo bebe. Finalmente, ya conocemos a los profesionales por su trabajo en la gran empresa y en sus propios proyectos; reconocemos sus vinos y el estilo que caracteriza a cada uno de ellos. Llevan un sello que a esta altura un consumidor empapado puede identificar y elegir según su gusto. Esto aporta diversidad que colabora al mercado y, al mismo tiempo, al reconocimiento de la mano del enólogo.
Con respecto a priorizar el terroir, es una materia pendiente. Está en manos de los hacedores elaborar vinos lo más representativos posible del lugar. Estamos en camino; así como alguna vez aprendimos a identificar las características de los diversos varietales, en algún momento deberemos empezar a identificar las diversas zonas y micro zonas. No es nada fácil, es una senda mucho más larga y en la que hay que trabajar más fino. Lo importante es que ya se empezó a poner foco en este tema, principalmente con los estudios de suelo; y lo más probable es que lleve muchos años. Pero atención que no termina con la tarea del productor: a la par, quienes se encargan de comunicar tienen que transmitir de manera clara y práctica a los consumidores, porque son ellos quienes compran los vinos y, en la medida que su conocimiento crezca, tendrán herramientas para demandar calidad. Es algo cultural en lo que somos muy nuevos, a diferencia del Viejo Mundo que nos lleva muchísimos años de historia de ventaja.

Francisco Rivero Segura. Creo que esto es en gran medida por la juventud de nuestra industria vitivinicola, en el Viejo Mundo existe una cultura en cada lugar, una tradición en cuanto a la forma de elaborar el vino (mayormente), mientras que acá salvo contadísimas excepciones se elaboran los vinos apuntando a un perfil de consumidor. Creo que ahí es donde entran en juego las marcas y los hacedores, si te gusta el estilo Vigil, Michelini o Pelleritti sabés que lo vas a encontrar en la gran mayoría de sus vinos, el estilo López o Weinert define un estilo de vinos con sus amantes y detractores.
Hoy hay una movida tendiente a resaltar los atributos de cada terruño, pero personalmente creo que es imposible quitar la influencia del hacedor en los vinos, podrá reducirse pero para mi el hacedor es parte del Terroir.

Yo. No sé si es tan así.
En Europa también se beben marcas y desde hace un tiempo se sigue a los enólogos. Otra cosa es que nosotros nos subimos al mercado mundial por el camino estadounidense de los Varietales, y ese marketing también fue dirigido hacia adentro. Pero en EEUU o en Avellaneda saben que el Malbec o el Torrontés vienen de Mendoza y Salta, de Agrelo y Cafayate. Son lugares.
Y la gente sabe evaluar -o puede que no- que no es lo mismo el Valle de Uco que San Juan Capital.
Lo que sí, nos falta carrera, historia hecha Calidad. Profundizar los estudios, las pruebas; y siempre buscar subir escalones de Calidad, aunque nunca olvidándose del consumo masivo.
Tener pocas DOC sí nos diferencia de España, Italia o Francia, pero lo veo como algo bueno y no una deuda. Estar atado a DOCs te condiciona mucho: por qué no podemos tener Mencía o Treixadura en Agrelo?
Respecto a si está bien que muchas veces se priorice la mano del hacedor por sobre el terruño, no me parece mal a priori. Calculo que es porque ese o esos Vinos tienen un diferencial de estilo y/o Calidad. Aunque puede ser 100% marketing, pero así de corta será su continuidad.
Si a muchos les gusta seguir el estilo de algún enólogo, por qué no darles el gusto? Lo mismo pasa desde hace décadas con los bodegueros y desde hace relativamente poco con los terruños. Es parte del negocio, pero también parte de la pasión. También son modas, no?



¿Qué evolución ha tenido a tu juicio la calidad de los vinos argentinos durante los últimos diez años, tanto en las gamas premium como en las medias y bajas? ¿Qué perspectivas ves para el futuro? ¿A qué cepa debiera apostarse para acompañar al Malbec?

Maya García. Yo adoro la manera en que se funden el Cabernet Franc y el Malbec. Acerca de como ha evolucionado la calidad pienso que por supuesto cada vez hay Vinos más cuidados, pero no soy la persona más adecuada para emitir esta opinión. Para hablar de la historia del Vino argentino hace falta haberla vivido, por ahora yo siento que estoy viviendo un momento muy importante para el Vino Argentino.

Fernando Musumeci. Desde diez o quince años a esta parte fuimos testigos de un gran cambio, que por suerte fue positivo. Creo que el crecimiento fue parejo en todos los segmentos de precio. En los medios/bajos, donde las bodegas hacen mucho volumen porque es donde más demanda y competencia hay, y la relación precio/calidad pasa a ser una variable casi tan importante como la marca. Y en los rangos medios/altos, con mucho menos consumidores, pero quizás con un nivel de conocimiento por parte de los mismos que carga con algunos años de experiencia, lo cual les brinda la capacidad para reconocer y exigir calidad acorde al precio. Este último consumidor, de un perfil algo más abierto, reparte sus compras entre el supermercado y la vinoteca, y no se dejará encandilar tan fácil por las marcas reconocidas.
Para hablar muy ampliamente sobre la evolución en la calidad de los vinos en sí, podemos decir que en los de bajo precio se fueron logrando cada vez aromas más intensos, limpios, definidos y sin signos de oxidación; mientras que en los de segmento medio/ alto, luego de sobrevivir a muchas modas como la del abuso de la madera, la fruta muy sobremadurada o los caldos sobreextraídos, hoy se están privilegiando los vinos más equilibrados y con buen balance entre sus componentes.
A pesar del antiguo y gran volumen de bonarda plantado, o de los últimos buenos resultados con el cabernet franc, no creo que deba haber una cepa que acompañe al malbec. Creo que lo mejor es apostar a los blend o vinos de corte, usando malbec como base pero combinándolo de todas las maneras posibles. Creo que sería una buena forma de hacer vinos más entretenidos, con más matices e identidad, más asociados al terroir. Según mi opinión, los bodegueros no apuestan a esta fórmula porque el consumidor, a la hora de elegir, opta primero por el varietal. Este mismo planteo lo extiendo para los vinos blancos.

Francisco Rivero Segura. Creo que es clara la mejora de calidad en las gamas premium, pero noto resultados más dispares en las gamas medias y bajas. Hay algunas bodegas que han bajado bastante la calidad en estas últimas en pos de un mayor volumen. Espero que esto se corrija pronto ya que no creo que la industria se pueda sostener sólo con los vinos premium.
Yo soy un amante del Cabernet Franc, pero creo que la apuesta no debería ser por una cepa en particular, sino apostar a los blends, sean de un mismo Terruño o con lo mejor de distintas zonas.

Yo. Han mejorado notablemente. Ya casi no hay Vinos malos.
Más Vino limpio, moderno. Hay mucha más variedad para elegir.
Las perspectivas son las mejores: por qué no?
Más bodegas, más etiquetas, más enólogos, más terruños, más Varietales o estilos de Cortes, diferentes usos de la madera, etc.. Y como siempre: algunos caerán, vendrán nuevas modas, etc.Respecto el Malbec (su moda) y a quien/es enganchar, es un tema complejo y seguro no soy nadie para hablar de ello. Pero por qué privarme de hablar de ello... JeJe!!
Lo del Malbec fue acción y reacción. Y lo que hay que hacer es no dejar que se vaya de las manos: alimentar la moda con Calidad y buenos precios. Con alternativas: enólogos, terruños, perfiles.
El Torrontés es nuestra otra uva bandera, por única, muy similar al caso Malbec. Ahí hay mucho por hacer respècto a la exportación, ya que en el mundo se consume (proporcionalmente) muchísimo más Vino Blanco que acá.
Para exportar, hay que meter ficha a los Cortes con Malbec y hacer probar los buenos Cabernet Sauvignon que ya tenemos. Proporcionalmente siguen los buenos Bonardas Argentinos (no son realmente Bonardas en su mayoría casi absoluta, son Corveau Noir), Syrah y supongo (o quiero) Merlot.
Hay que poner enfásis en el Cabernet Franc, el Petit Verdot y muchas más uvas Tintas a difundir tras experimentar.
En Blancas, hay muchísimo por hacer con la mirada en la exportación, mejorando los chardonnay y fomentando el Viognier, el Chenin y muchas uvas poco plantadas o a plantar (experimentar!!).
Si alguien se decide y hace algo que vuelva a subir el consumo de Blancos en nuestro mercado, esto mismo sirve para acá.
Pero más allá de lo que dije, yo esperaría nuevas modas o la caída del Malbec para cambiar el Norte o agregar más elementos. Siempre trabajando fuerte en mejorar lo otro que se tiene y ampliar la base con nuevas Variedades y terruños.



Si tuvieras todo lo necesario para elaborar un Vino ¿cuál sería tu estilo? ¿qué tinto harías? ¿cuál sería tu terruño si pudieras elegirlo y por qué?

Maya García. Seguramente sería Valle de Uco, me gusta mucho la paleta aromática en los Vinos de este lugar. Sería un blend muy aromático, de taninos fluidos y listo para disfrutar YA!

Fernando Musumeci. Seguro sería un corte de diferentes cepas y preferentemente de zonas de altura de Mendoza; que en su composición tenga principalmente malbec, cabernet sauvignon y cabernet franc, y –por qué no– algún toque de petit verdot, o de merlot o de syrah; con una fruta fresca pero con sutiles tonos (herbáceos, minerales, florales o especiados), y con una presencia del roble más que suave; que en el paso por boca sea franco, bien suelto, seco, con buena acidez y largo final. Y que, sin ser exuberante ni en volumen ni en intensidad, al mismo tiempo pueda transmitir mucho y dejarte pensando.

Francisco Rivero Segura. Si tuviera todo lo necesario elaboraría un Blend, que cada año variaría su composición pero seguramente incluiría Malbec, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. El lugar? Podría ser de Vistalba, Gualtallary o Cafayate, o quizás todos juntos.

Yo. Uno solo? Qué difícil!!
Tinto seguro.
De Mendoza. O Salta. Porque de allí vienen los Vinos argentos que más me han gustado. Malbec con toques de otros o un Corte con base Malbec. Con paso por barricas nuevas, francesas o con algo de americanas.
Un Vino moderno, con cuerpo. Potente. Y dentro de lo posible, también elegante. Con complejidades, de algo goloso a goloso. Largo. Con taninos importantes, apenas astringentes.

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